Interes General
22/02/2026 - 08:46:43



Cuaresma: un tiempo para recrear los vínculos


Por Obispo Monseñor Hugo Santiago

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Mateo (Mt 4, 1-11)

“Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre. Y el tentador, acerándose, le dijo; ‘Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes’. Jesús le respondió: ‘Está escrito: ‘El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’. Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo, diciéndole: ‘Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito; ‘Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevará en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna’, Jesús le respondió: ‘También está escrito: ‘No tentarás al Señor tu Dios’. El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor; y le dijo: ‘Te daré todo esto, si te postras para adorarme’. Jesús le respondió: ‘Retírate, Satanás, porque está escrito; ‘Adorarás al Señor, tu Dios, y a Él solo rendirás culto’. Entonces el demonio lo dejó y unos ángeles se acercaron para servirlo’. Palabra del Señor.

Revincularnos con Dios

En la cuaresma, la Iglesia nos propone renovar los vínculos con Dios, con nosotros mismos y con los demás. Respecto de Dios, el Evangelio de este domingo lo deja claro; Jesús vence las tentaciones del demonio porque recuerda la Palabra de Dios y la toma como guía, porque cotidianamente la había meditado desde adolescente y la sabía de memoria. Por eso, la Iglesia en la cuaresma nos propone renovar nuestra relación con Dios a través de la oración, preferentemente, la meditación de la Palabra de Dios. La oración es sencillamente dialogar con Dios como lo hace un hijo con su padre; tomar el Evangelio del día y dedicarle cinco o diez minutos, preguntando a la Palabra de Dios ¿qué dice? ¿qué me dice? y pedirle al Padre la gracia de tomarla como guía para nuestra vida, ponerla en práctica como lo hizo Jesús, eso es orar. Así, en la cuaresma podemos recrear nuestro vínculo con Dios a través de la oración y por este medio volverlo a sentir cerca como Padre y Amigo.

Reconocernos a nosotros mismos

También la cuaresma nos invita a reflexionar sobre nosotros mismos, es decir, ver dónde estamos parados, rectificar lo malo y ratificar lo bueno. Eso es simbólicamente el ayuno. Es tomar conciencia y ayunar de nuestros malos pensamientos, sentimientos y gestos; es pedirle a Dios la gracia de no agredir, no condenar, no mentir, no matar con la lengua ni con acciones, no abandonar a nuestros padres ancianos, ni a nuestros hijos pequeños, no envidiar, no tener celos porque anulan a los demás, salir de la indiferencia. En fin, evitar todo lo que nos hace malas personas y potenciar todo lo bueno que tenemos manifestándolo con gestos y compromiso.

Reconocer a los demás

El tercer vínculo que Jesús nos invita a recrear es la relación con los demás. Los días viernes de cuaresma la Iglesia nos pide ayunar de alimentos, es decir, comer poco o privarnos de algo que nos gusta, de ese modo comprenderemos más a quienes todos los días se mueren de hambre en el mundo o al 50% de argentinos que no tienen el alimento suficiente para vivir dignamente, tomando consciencia de que seis de cada diez niños en Argentina son indigentes, así crecemos en empatía con los que menos tienen. Lo que hayamos ahorrado como fruto de nuestras privaciones lo damos en limosna o lo invertimos en propuestas de promoción humana: formación profesional, educación, salud, tratamiento de adicciones, etc. Además, le pedimos a Dios la gracia de recrear nuestros vínculos con los que nos rodean a través del amor. Así como el odio destruye nuestra relación con los demás, el amor recrea los vínculos. La empatía que nos hace ponernos en lugar de los otros cuando están alegres o tristes es amor; visitar al amigo enfermo es amor; integrar en la sociedad al preso que pagó su error en la cárcel, aceptándolo y dándole trabajo es amor; tener paciencia con los límites de las personas con quienes convivimos es amor; escuchar y darnos tiempo para dialogar pacíficamente es amor; perdonar es amor; servir desinteresadamente es amor. Por eso la celebración de la Pascua es una explosión de alegría, no sólo porque celebramos que Jesús resucitó y nosotros alimentamos la esperanza de resucitar con Él; sino porque nos regaló la gracia de vivir ya como resucitados, es decir de renovar nuestros vínculos, redescubriendo a Dios como Padre, reconociéndonos a nosotros mismos como hijos y a los demás como hermanos. Es la alegría de ser más íntegros como personas acercándonos al estilo de Jesús, el hombre nuevo. Buen domingo y buen almuerzo.

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